L u n a L l e n a .

L u n a  L l e n a  .
Eviterna Mi Vela De Armas Es....¡Por Tí O h L u n a L l e n a , Savia de Mi Corazón !

lunes, 28 de noviembre de 2016

H o r i z o n t e s .



































Esta misma tarde, tras las abundantes y peligrosas lluvias nocturnas de ayer, ha quedado un espectáculo de complaciente y refrescante belleza.

El lubricán ha sido místico y las fotos tienen un halo legendario.-



















jueves, 24 de noviembre de 2016

¡ I n f o r m e S o b r e M a r i n a !

Vengo a recomendar otro buen libro, de una escritora valenciana, Marina Sanmartín Plá.

Es un cruce entre policial, existencial-solipsista y fantástico.

Tiene esta chica un estilo fresco y directo al estómago, pero el único consejo que yo le daría, es que frecuente menos los tacos, y además, los mismos. Por todo lo demás, desde que se empieza, no se puede abandonar la lectura. Eso sí que es lo deseable para cualquiera.

La angustia se palpa en las páginas, además de un curioso sentido del humor, que consiste en que parece que no lo haya. La descripción de personajes me subyugó con creces.

Lo recomiendo absolutamente a todos.

Esta reseña que dejo aquí de mi periódico predilecto,  El ABC , es perfecta, y agradeciendo el detalle, lo adjunto para complementar mi exposición.....





Lo que más me ha gustado  -y puede que no sea igual a otros lectores- es el fundamental final. ¡Muchísimo, de veras lo admito!


Me despido escribiendo que yo también vivo en Caivelan, y muchos de los matices que comparte con nosotros la escritora (¡conmigo asaz concretamente!) los he vivido yo. (Tengo escrita una novela sin publicar de similares filosofías; visto lo cual, no creo que tarde ya en arreglarla y publicarla donde pueda y me dejen -¡¡¡y por supuesto yo me deje "la pasta!"!!!-)


Resumiendo: No defrauda.




Otra cosita muy apropiada, ha sido la elección de este cuadro llamado "Tres Lunas" de una tal Anna Wojtczak para la portada. Es muy óddico.





martes, 15 de noviembre de 2016

A n a c r o n ó p e t e .




En ocasiones conduzco atardeciendo hasta una tasca solitaria confinada en desterradas carreteras, pido una manzanilla caliente y domestico el frío de La Sierra.
Ayer fue la última vez. Al entrar, predispuesto a mis soliloquios ceremoniales, observé una imperceptible alteración en la espartana decoración tipo años setenta. Mientras escuchaba en el hilo musical “Gavilán o Paloma”, advertí que habían cambiado el reloj que colgaba de la pared por otro, también pasado de moda. Sin embargo, ante mi asombro, los números romanos de la esfera decrecían.
Quise preguntar, mas la anciana camarera no faenaba en sus rutinas. Cuando me tomé la infusión salí, y cuál no sería mi sorpresa al ver que habían desaparecido el aparcamiento setentero y mi auto. Todo era boscoso y entre dos abetos, un landó con cuatro caballos y un viejecito ataviado de cochero mirándome, estaba dispuesto a partir. Del caserón, ni rastro.
Mi ancestral divisa es “Duc In Altum”, así que subí al pescante. El hombrecillo me ofreció las riendas y el látigo. No soy de estar atrapado, ni mucho menos por el engañoso “Kronos”.

Y mientras yo arreaba briosamente el tiro y nos alejábamos en dirección al lubricán, tiré mi reloj de muñeca para siempre.