L u n a L l e n a .

L u n a  L l e n a  .
Eviterna Mi Vela De Armas Es....¡Por Tí O h L u n a L l e n a , Savia de Mi Corazón !

lunes, 31 de agosto de 2015

H a i k u s .





Chispita.                                                 Noche en el bosque
                                                                extraviado entre helechos
                                                                luce el cocuyo.


(dedicado a la poetisa Mª Pª  Rojas de Leunda, y entre otras cosas por haber puesto en mi frente y en mi vida a los simpáticos cocuyos)

jueves, 6 de agosto de 2015

C o l e o .





















Resulta extraño a mis pocas amistades, por qué pudiendo permitirme un apartamento en el barrio centro, sigo residiendo en este loft bohemio y casi descascarillado.

La razón no es otra que las muchas horas de soledad deseando compañía y quizás, otros anhelos no formulados correctamente.

Ocurrió  que al llevar ya tres años viviendo en Él, una noche sentí una melancolía más puñetera de lo habitual.
En ese instante, compartir con alguien mi vida, era perentorio.

Delante de mí, observaba las cuatro baldas que me hacían de biblioteca y un poco a la derecha, el balconcito. Un haz de luz del puerto se coló por la delicada cortina y al incidir en el azulejo, vi pasmado cómo surgía del embaldosado un cóleo.

En mitad de La Nada de mi diminuto ático, un cóleo precioso y elegante echaba a vivir. Tenía un aura especial y sobreponiéndome a todo lo que eso significa (locura, delirio, abducción) de pronto me levanté y lo regué.

No mediría más de treinta centímetros, pero de alguna manera advertí que se esponjaba. Tierra no necesitaba ni maceta, existía en una baldosa, así, sin más. Me quedé dormido junto a Él, con una sonrisa bobalicona en los labios.

Al día siguiente cuando desperté supuse que lo habría soñado, pero una de sus hojas colándose en mi ojo derecho, desmentía ese hecho.

Y de pronto tuve conciencia de que todo en mi vida había cambiado. Yo que no tenía hasta ese momento ninguna planta, y vivía bajo los dictados falsos del feng shui, tuve la certeza de que mi loft cobraba vida.

Poco a poco, según transcurrían los días, los azulejos cambiaban de color y se respiraban en mi hogar tremendos e insólitos aromas jamás conocidos por mi percepción. No era debido a esa planta que ni huele, pero fue el desencadenante gozoso de vivir los años siguientes en una especie de balneario invisible, donde disfrutaba de bienestares mentales sin venir a cuento, en la austeridad de mi pequeño apartamentito en el que la palabra soledad era historia.

Los pocos amigos de los que hablaba al principio, llegaron tarde a mi vida a consecuencia de que mi carácter poseía un puntito más descabalado y extrovertido a partir de entonces, y con cierta popularidad en los barrios de ocio de la ciudad me había granjeado  protagonismo, pero les consideraba accesorios.

No existe nada como compartir tu existencia con un cóleo.
Por eso no puedo cambiar de vivienda, ni llevar a nadie allí para que vea el prodigio.


Además, está muy grande, a duras penas cabe nadie que no sea Él o Yo. Y queda poco loft, pues casi vivo en Él.